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RESISTENCIA, SOCIEDAD CIVIL, 
NACIÓN Y ESTADO

por Pedro Flecha
10.04.2001

La nación es técnicamente una comunidad de seres humanos quienes por historia, raza, aspiraciones o por cualquier otra razón o necesidad determinan que tienen una finalidad común y por lo tanto están dispuestos a someter sus individualidades a una acción común. 

El Perú no ha logrado forjar una nación porque, por experiencia histórica de milenios toda unificación forzada de comunidades (naciones) tiende a la mediocridad, ya que esta es fruto de adaptaciones coyunturales que disminuyen las expectativas, la creatividad y reducen el natural ingenio humano. El Tawantisuyu, una comunidad de naciones, es un ejemplo de eficiencia ya que las bases de acuerdo fueron “lo que no querían” y las leyes científicas. Fue un acuerdo entre los fundamentos y la libertad. Aunque parezca contradictorio el Tawantisuyu fue una Utopía realizada.

Hay que distinguir entre lo utópico y lo irrealizable. Lo utópico es la tendencia de una comunidad humana para sobrevivir, adaptarse y propagarse. Una utopía es normalmente una formulación teórica  basada en ciertos fundamentos comunes exponenciados. Es más realizable mientras esté más cercano de las leyes naturales. Lo irrealizable es un juicio a posteriori, pues hay que probar que algo es imposible de realizar. Calificar una utopía como irrealizable es un cálculo de probabilidades y no una deducción experimental. Lo irrealizable, al final, es sólo aquello que contradice efectivamente leyes científicas y comprobables.

El Estado es la forma jurídica de una nación. No existe una verdadera nación peruana porque es una estructura forzada culturalmente desde hace 450 años. Por lo tanto, el Estado peruano es un Estado-ficción, ya que es una imitación de estructuras extrañas a la identidad de sus hombres y por el otro una herramienta de opresión de algunos privilegiados. No pueden existir nación o naciones peruanas si no hay una identidad común. Hay paises que han construído identidades como EEUU o Brasil, hay otros que por su enorme herencia cultural –como el nuestro- tienen que buscar su identidad en su herencia ancestral.

Fue nuestro pasado un caminar exitoso del conocimiento a la utopía, este caminar fue truncado por sustituciones donde la superstición y la creencia sustituyeron al conocimiento impidiendo los planteamientos utópicos que son los que desarrollan la humanidad. El Estado actual es una estructura represiva que  intencionadamente se funda en la conveniente –para los poderosos- subyugación de la experimentación de la libertad inherente al ser humano. Culturalmente se vendió la idea de la libertad interior, algo inexistente e inconveniente, pues nada hay más represivo que no experimentar física y emocionalmente nuestra libertad. Esta estructura represiva que es el Estado peruano, su sistema legal  está abiertamente expuesto ahora.

Es una realidad y una oportunidad.

De esta exposición la unificación de una nueva nación es posible. Esta exposición muestra que se ha desvirtuado el origen y bloqueado el desarrollo de nuestras necesidades vitales de libertad, que la supuesta moral impuesta por culturas y religiones extrañas no es ninguna garantía para nuestra nación a construir o refundar. Sabemos que todas las necesidades humanas, excepto las motrices animales, son determinadas históricamente y por lo tanto son transformables. Debemos buscar un salto de la cantidad a la calidad hacia una sociedad donde el trabajo, incluso el trabajo socialmente necesario, pueda organizarse en concordancia con la necesidades y las inclinaciones instintivas de sus miembros.

La abolición de la corrupción, que ha sido la estructura cultural dominante desde la colonia no es una utopía irrealizable, sino la urgente negación histórica de la sociedad civil a lo existente, al sistema represivo, es la toma de consciencia de nuestras posibilidades y conocer cuáles son las fuerzas que impiden esto.  Debemos fomentar una oposición al sistema. Una oposición libre de ilusiones, de oraciones y golpes en el pecho, pero también libre de ese derrotismo que traiciona las posibilidades de la libertad en beneficio del sistema.

La sociedad represiva, el Estado peruano actual, no es otra cosa que el odio institucionalizado. El odio del rico hacia el pobre y viceversa, del blanco al cholo, del cholo al negro, del cholo al cholo y del blanco al blanco. Si algo es mestizo en este país, si algo une todas las sangres es, desafortunadamente, el ánimo de odio. Es por eso mismo que tanto los esquemas cristianos, marxistas, social demócratas y capitalistas han fracasado. Todos tienen o tenían finalidades que no estaban vinculadas con la identidad y aspiración nacional.

Si este Estado es aborrecible, es porque cualquier Estado, sin nación lo es.

¿Puede haber Estado sin nación? ¡No!

¿Puede haber gobierno sin Estado? ¡Sí!

El planteamiento táctico del anarco fundamentalismo es el buscar la identidad nacional en la tradición ancestral común racial y ambientalmente a los peruanos. Rescatar sus fundamentos en el mayor grado de abstracción que sea común ya que así tendrán una cercana correspondencia con las leyes naturales y el instinto de supervivencia del ser humano. Este regreso acuerdos básicos será regado con la consciencia de la libertad inherente al hombre. Su arma de lucha será la resistencia al sistema. Inicialmente un movimiento resistente engendrará odio por parte del sistema, sin el cual ningún cambio es posible, sin el cual no hay liberación posible. Pero el odio es un arma de dos cañones, en el Perú los fundamentos son las herramientas por las cuales ese odio, puntual y específico, se transforma en ira colectiva, en lucha fundamental.

Asistimos hoy a una desconfianza popular hacia todas las ideologías ya que la gente se siente traicionada y decepcionada. Esta decepción es mayor en los infraprivilegiados, aquellos que no ocupan un lugar decisivo en el proceso de producción nacional pero que soportan todo el peso del sistema. Antes el sistema podía esconder sus garras hoy han sido expuestas.

Durante el narcofascismo la universidad ha sido más politizada que nunca. Llegó a formar parte del sistema de la sociedad represiva. La libertad universitaria fue mediocrizada por el legalismo, el consumismo y el pragmatismo.

La reacción instintiva contra esta opresión hizo que los jóvenes, los intelectuales y los artistas tomaran la calle con manifestaciones de protesta. La protesta fue eficiente en irrumpir en un marco legal y de opinión públicapara impedir que el sistema represivo asfixie la libertad. La fuerza institucionalizada, esa que determina su propio marco legal trató de reducir el marco legal a un grado mínimo generando su propia violencia.

Una vez traida abajo la dictadura, expuesto el sistema, la oposición debe pasar del acto ritual de la protesta a un mayor grado de resistencia, debe pasar a la desobediencia civil. 

La desobediencia civil forma parte de los elementos mas antiguos y sagrados de la civilización occidental. Es sagrado porque hay un derecho superior y es el derecho a la libertad y este es el que configura el deber de la resistencia como fuerza impulsora del desarrollo histórico de la libertad. La desobediencia civil en muchas oportunidades ha sido una fuerza histórica que de potencial ha pasado a se determinante.

Sin el derecho de resistencia, sin este recurso de un derecho superior contra el derecho existente nos encontraríamos en la barbarie. El derecho a la resistencia, por otro lado, no puede ser legalizado, ni incorporado constitucionalmente, es decir, no puede ser integrado a una estructura de Estado. Ningún sistema social, ni siquiera el más libre puede legalizar constitucionalmente o en cualquier otra forma una fuerza dirigida contra ese sistema. Es por elllo que el derecho de resistencia es un derecho anarquista, uno que excluye la autoridad.

En toda sociedad humana hay la pelea entre dos fuerzas, la fuerza de liberación y la fuerza de la opresión. La fuerza de la opresión se ha basado siempre en la falta de educación y la desorganización de la solidaridad humana para crear servidumbre en sus súbditos.

Es por ello que consciente o inconscientemente, todas las fuerzas resistentes de la sociedad civil en Perú actúan hoy en la preparación de una crisis posible del sistema. Pero todo esfuerzo para contribuir a un cambio requiere de una guía teórica, una que recicle el odio en ira, que sublime la violencia para que de esta forma cope toda la amplitud del sistema represivo. Dentro de ello la primera tarea individual es liberar la consciencia fuera de nuestro propio círculo para superar así nuestra condición actual de sometimiento. 

Necesitamos volver a aprender de una vez lo olvidado bajo el narcofascismo, quelos argumentos morales y humanitarios no son simplemente falsa ideología o cojudeces, sino que pueden y deben convertirse en fuerzas sociales centrales.

Como dice Thoreau, cuando cada hombre haga conocido a los otros que tipo de gobierno respetaría, ese será el primer paso para obtenerlo ya que debemos ser hombres primero, luego ciudadanos. La única obligación que tenemos es el derecho a asumir y hacer todo el tiempo aquello que uno piensa que es correcto. Por ello mismo no podemos permitir que una nación que fue sumergida moralmente en la cloaca del narcofascismo vuelva a formas antiguas restableciendo instituciones inadecuadas y no se decida a saltar al reino de la libertad.

Una de las grandes armas de la sociedad represiva estilo occidental ha sido el separar Civilización de Cultura. A Civilización se le adjudica el trabajo material, el día laborable, el trabajo, el reino de la necesidad, la naturaleza y el pensamiento operativo. A la cultura se le pone en las antípodas hablando del trabajo mental, el día festivo, el ocio, el reino de la libertad, el espíritu y el pensamiento no operacional. Esto ha hecho separar al intelectual y al artista del campesino y el obrero, ha permitido meter en el medio al parásito singularizado en el empresario y sus acólitos, la clase ejecutiva. Son ellos los que compran arte que nunca gozan o libros que nunca leen, son ellos los que propugnan y publicitan en talk shows y cómicos de medio pelo.

La Cultura es más que una ideología, es un proceso de humanización caracterizado por el esfuerzo colectivo para conservar la vida humana, para apaciguar la lucha por la existencia, de forma tal que no sea una jungla, o mantenerla bajo límites controlables. El fin es consolidar una organización productiva de la sociedad que desarrolle las capacidades del hombre y disminuya o sublime la agresión, la violencia y la miseria.

La integración de valores culturales en la sociedad existente anulan la alienación de la Cultura respecto a la Civilización y suprime así la tensión  entre el deber (trabajo) y el ser (goce), entre lo potencial y lo real, entre futuro y presente, entre libertad y necesidad. Las manifestaciones de la sociedad civil han disminuído la tensión entre libertad y necesidad incorporando la afirmación libertaria como una necesidad humana.

Pero hay que pasar a la etapa pedagógica, para que el placer de la Cultura sea accesible a todos de forma tal que las manifestaciones sean vehículos transversales a las estructuras de clase que permitan una mayor adaptación humana hacia la coincidencia en una identidad como nación.

En esta acción todo gobierno que haga la guerra a la libertad debe ser considerado como un gobierno inexistente, como una usurpación.Debemos, como decía Fourier, cambiar la sociedad para adaptarla a las pasiones de los hombres. La realidad de una sociedad humana es una transición continua hacia una coincidencia consigo misma, con sus propios fundamentos. Toda sociedad es en esencia un proyecto fundamental.

Las teorías económicas no pueden estar desvinculadas de esta realidad ya que deben reflejar expresa o implícitamente una concepción del ser del hombre, una ontología que trasciende a la teoría misma. Las teorías actuales se basan en autopsias de datos e intereses particulares, no tienen un rostro ni finalidad humanos, por lo tanto son mayormente innecsarias, si no perjudiaciales.
 
 


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